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domingo, 6 de mayo de 2012

Corazones en llamas


LA ‘GOMA’ POR YPF Y UN NUEVO HERVOR DE LA ARGENTINA VIBRANTE  
Corazones en llamas
Cincela tormentones con un pelapapas: Chino Castro

A) Elegir tiene un componente irracional: se elige con la razón, pero también con la piel y el corazón. No soy psicólogo, pero sé que funciona así y que quienes lo niegan, están equivocados, o simplemente han elegido, sin darse cuenta.

B) En el tema YPF vuelve a quedar de manifiesto que se elige con todo el cuerpo, con todo lo que uno es. Acaso para algunos sea peor que la 125 del invierno 2008: era más fácil oponerse a aquello, ‘tirarse’ contra una medida que recupera soberanía nacional es bravo. Aunque se agarren de las formas, de que la intervención estará a cargo de lobos cuidando gallinas, como dijo Lanata hace unos domingos en su programa del 13 (el cachito que lo vi, porque elegí a Galeano con Víctor Hugo. Me pareció más agradable desde lo estético, y no estoy apuntando elípticamente a la gordura de Jorge).
Acá asoma otro punto que quiero tocar: Lanata, como Leuco, Eliaschev, Nelson Castro, Fontevecchia, Van der Kooy, Morales Solá, Magdalena, Conmigo No Sarlo y las ruinas del doctor Grondona, conforman la punta de lanza comunicacional de quienes modelan un relato, en el que millones de argentinos abrevan. Truenan filípicas contra el ‘relato oficial’, como si fuera el único. Parece que el ‘relato oficial’ es un cebo caza ratones, y de los más opas (no hablemos del gran Jerry del cartoon), mientras que quienes rehúyen de él son hombres y mujeres bienpensantes que escogen basados en los relámpagos de sus propias mentes, no en el retintín de aquellos a quienes eligieron seguir. A ellos no les pasaría. Esa luz que les barre la tiniebla les ha revelado que los Kirchner son más nefastos que un matrimonio Hitler-Thatcher (la profeta Descarrió llegó a decir que eran como el nazismo sin armas, que sería lo mismo que decir como León-O pavimentado por una calvicie atroz y con la Espada del Augurio astillada, o como Gasparini con un esguince crónico de garganta). Por eso aporrean con tanto ahínco a este gobierno que no te dan tiempo de criticarlo, y entonces parece que fuéramos más K que las piedras del hotel de El Calafate, donde pretendió hospedarse Lanata y lo plancharon (¿en el lobby se podrá fumar?). Es curioso: le dan leña por lo que hace, no por lo que no, con la parva que aún adeuda, casos reforma tributaria, impulso a la ley de entidades financieras, política contundente en favor de los pueblos originarios, marcha atrás con la ley Antiterrorista, ‘guiso’ con la minería a cielo abierto, Famatina, los carteles del Raly y amén. Y después los crispados son los K. Tírenles un bombón en vez de un cascotón, y vemos qué onda. O aunque sea búsquense un sinónimo, che, si quieren les sacudo dos: iracundos y efervescentes.

C) Estamos asistiendo en este otoño de poética reestatizadora, a un nuevo hervor de la militancia. De la k y de la anti K, que ha vuelto a emerger cual una orca con ganas de engullirse un postrecito, aunque sin camionetas en la ruta ni mesa de enlace en dos siglos a la redonda. Ocurre que pese a lo mal que estamos y lo peor que vamos, las camionetas no tienen tiempo para patriadas como las de 2008: hay que sacar la soja. Igual, como viene la pelota pronto van a estar en la ruta, pero paradas por falta de combustible: cuando los K agarren YPF, no va a quedar ni una gota de querosén. Sin embargo está bien que no sean kirchneristas, con todo lo que hay para escoger: pueden ser de Macri, de Descarrió, del ‘Crema’ Binner, de Mourinho, de Pino, del Chelsea que defiende colgado del travesaño y según Niembro, arriesga muchísimo así, de Altamira, del gritón Mariano Iúdica, de Alfonsín (con azúcar, edulcorante o ketchup), del abstencionismo, de las terminaciones del peinado de Basile, de la ya rancia feta de salame o hasta del ‘Flaco’ Traverso que con su cupé Fuego milagrera cruzó los ochenta como una flecha de luz. Vaya si hay para elegir, porque con alguien estarán los anti kirchneristas que no asumen su militancia anti K y la baten de independientes, no serán cuerpos celestes en contraposición a las mugrosas humanidades que militan en el kirchnerismo o adherimos desde una perspectiva ‘zurda’ a las líneas vertebradoras del proyecto nacional, que si querés es una forma de militar, una suerte de militancia B. No estar con nadie no es lo más fácil del mundo: es imposible.

D) Como en cualquier tiempo, en el escenario político-social nacional, de igual modo que en el continental y el global, se recortan un bosque y muchos árboles. Hubo períodos argentinos en los que el bosque ni se veía, sólo había una maraña de árboles que se nos clavaban en los ojos y en el corazón, amén de en el bolsillo. Hoy el bosque aparece con contornos más claros. Será por eso que a quienes no les gusta ese bosque, por aquello de que se elige con la razón, pero también con la piel y el corazón, se esmeran por engordar las plantas que hay y sembrar algunas nuevas, para ver si logran borronear el paisaje que late al fondo del matorral. Ojo: puede que lo hagan inconscientemente, porque también se actúa a partir de inexplicables pulsiones que brotan del cuero y el corazón.

E) Tupido se escucha advertir a los anti kirchneristas remisos a asumir su piel, que retomar el manejo del petróleo y el gas estaría bien, “pero tengo muchas dudas sobre cómo lo harán”. En rigor, dudan tanto que están en contra. No es nuevo, caramba: jamás ‘comprarán’ ni media brizna de todo lo que haga el kirchnerismo, para ellos Cristina y Néstor son entes maquiavélicos cuyo único proyecto es cagar a la sociedad para seguir metiéndole habitaciones al hotel de El Calafate, donde plancharon al pulenteador de botones Jorge Lanata. De última la duda aguantará hasta que encuentren algo negro que imputarle a la recuperación de YPF, que seguro ya lo hallaron, y ahí podrán oponerse a fondo y sin miramientos. Y como este gobierno seguirá haciendo cosas (caja para fugar hacia adelante y que mañana el globo le reviente en la trompa a algún infeliz, enjaretan ellos), algo nuevo siempre aparecerá.

F) Suele ocurrir que quienes son anti kirchneristas nos piden a los que militan por el proyecto nacional o adherimos a su matriz, que no los etiquetemos. En verdad se etiquetan solitos, como la mariposa que va hacia el fuego. Te aclaro que si hablo en términos de ellos y nosotros, no es porque vea enemigos en los que no piensan como yo, sólo es para ser más gráfico. No ando con una lupa para ver quién me va a cagar. En esta etapa he elegido creer, y pese a que escribo poesía no me envuelve el primer verso. Creer, sí, sin dar cheques en blanco (qué cheque voy a dar, si la última vez que entré al Banco Alberto Monte aún era “Llamarada”). La duda como aliada está fenómeno, siempre milité por ella, justamente porque no tengo dudas de que a veces, es mejor darle unas pequeñas vacaciones a esa amigovia tan inflexible.

G) También es una actitud común entre quienes no quieren ver pingüinos ni en chombas, arrojar las ideologías al mismísimo tacho de olvido donde se marchita la biblia del best seller Francis Fukuyama. Como si las ideologías fueran una muda de ropa vieja que ya no sirve más, ni para darla a Cáritas. Descreer de las ideologías, el típico amarretismo chelsístico-ideológico, es una de las mayores ideologías de la humanidad, porque ha cruzado los siglos desde antes del marxismo y el capitalismo. A su vez, la alquimia ideológica es también una ideología, la de los que no quieren quedar ‘pegados’ a ninguna vereda, sin embargo aún a los mejores alquimistas les resulta imposible marchar por la rambla hasta el fin de sus días, si lo sabrá el último Perón. Mas resulta paradójico: a mayor enjundia en no pegar los pies a vereda alguna, más ideologizado se está. Nadie presto al fuego del debate donde templar sus convicciones puede ser un desideologizado, ni un anti ideologías.
En definitiva, todos somos un cúmulo de ideas, la mayoría de las cuales alguien nos ha metido. Ese alguien es aquél a quien elegimos creerle (a través de leerlo, estudiarlo o sólo escucharlo). Es obvio que cuando escogemos también está en juego nuestra propia historia, aquello que somos y lo que no, nuestros sueños y los sueños de nuestros ancestros, nuestras frustraciones y las de ellos. Hasta el tipo más pragmático lleva consigo una carga simbólica. Convengamos además que iluminados, hay muy pocos.

H) En esta dolinesca époka la política ha vuelto a estar por encima de todo, como creo que debe ser. Hoy opina cualquiera, por más que a los Kirchner se los acuse de atentar contra la libertad de expresión. Todas las opiniones valen, todos quieren opinar, y me parece bien. Inclusive siguen frotando la lámpara del tomorrow viejos gurúes económicos que no han sido capaces de combinar ni el color de sus medias, como Carlos Melconian y Miguel Ángel Broda. Me sigue pareciendo joya. En los sofovichescos noventa, fraguados al calor del Consenso de Washington, sólo los economistas eran voces autorizadas, y los que no manyamos números, camine a la cucha, perro. Ahora hasta resucitaron al matarife Domingo Cavallo, fuerte para él. ¿Te acordás de aquella máxima noventosa de la “cirugía mayor sin anestesia”? Aguante la medicina preventiva.  

I) Otro signo de los tiempos, un saludo para Prince, es lo risible que a millones nos resulta ver a monigotes atrancados de odio como Morales Solá, las hilachas del doctor Grondona y Marce (quékagadavendieronla10alaKá) Longobardi, implorándole a algún ángel vengador una “maldición bíblica” (así dijeron las hilachas) sobre los “tibios” que son oposición y votan con el gobierno por la expropiación. De terroir, una vez que el radicalismo y afines se dan un baño de dignidad y juegan para el pueblo, vienen a amonestarlos y a acusarlos de transeros estos quijotes del periodismo… Sólo faltaría que denunciaran que Pino votó a favor porque le regalaron un scalextric con su correspondiente tren revestido en oro, con la cabeza de Jauretche como locomotora y la palabra Sur grabada en su frente. Me hierve el chanfle, velay.   

J) Los verdaderos sueños se sueñan despierto, y yo sueño con un país más justo, más humano, sobre la base que sigue forjando el kirchnerismo y otros tendrán que continuar y perfeccionar, tanto mejor si es hacia la izquierda. Puedo ser un iluso, pero soy yo, acá estoy, y no quiero convencer a nadie.

¡K!) Atención, atención, hoy gran franco gran para la campera del ‘Chango’. Se ruega no enviar cardigans.

L) Antes de irme, quiero decirte que me encanta la gente militante y su generosidad, las caretas son para el corso. Militante de lo que sea, menos de los terrorismos, del nazismo, del colonialismo, de la guerra, de la Inquisición, de la Conquista del Desierto, de las cruzadas preventivas democráticas americanas, de la placa de la plaza Alsina por el Bicentenario, que cobija en un mismo renglón a comisionados de las dictaduras con intendentes de la democracia, de los goles con pelota parada y del bidón envenenado de Bilardo. Si alguien milita en contra de los Kirchner pertrechado con sus convicciones y su honestidad, me parece f-ormidable. A nuestro país lo están levantando los militantes, antes que los que no lo son. Militantes, que no implica necesariamente hallarse enrolado en un partido. Ellos con su espíritu de cuarzo portan hoy la antorcha de nuestra querida Argentina, que todos recordamos y deberíamos recordar siempre cómo estaba en diciembre de 2001, cuando De la Rúa huía en helicóptero sembrando de cadáveres, otra vez, esa sufrida madraza que llamamos Plaza de Mayo. Para no irnos hasta marzo del ´76.

Me fui.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Nota del Chino Castro


Los instantáneos vienen marchando
Añora el Huracán de Cappa: Chino Castro

Hay una nueva categoría político-social en Bolívar: los radicales instantáneos. Esos tipos/tipas que se hicieron radicales de repente para odiar a Balibú. Simonerrequistas, más que radicales, casi que mitómanos: se han repetido tantas veces a sí mismos en estos meses de negrura que Bucca es un usurpador del municipio, que acabaron por creerlo. Y lo salieron a repartir, como quien reparte pan. La municipalidad es de ellos, este pibe es un ocupa. Pero no va a durar mucho, dicen los instantáneos. Precisamente, he a continuación un elemental catálogo para identificarlos:

-un radical -insisto, un simonerrequista- instantáneo es el tipo que te dice, a lo caballo (o solapadamente, los más sutiles, que la sutileza no es potestad del peronismo) y hasta con la alegría de un hincha de Boca que aguarda el superclásico: “este no termina, en dos años se va”. Y en realidad, lo que desean es que se vaya, pero mucho mejor si se va derrocado por ellos, los salvadores del terruño que vienen a correr al invasor peronista, así como en el ´55 la Revolución Fusiladora tumbó a Perón, al que después motejaron “el tirano prófugo”. Los instantáneos no quieren privarse del manjar de echar a Balibú. Sueñan en secreto con una pueblada que lo saque del culo y lo tire a la fuente vacía de la plaza donde cuando éramos pibes íbamos a entrenar nuestra inocencia mirando pececitos (no Pescecitos) de colores. Se erotizan imaginando una movilización popular que tome la municipalidad y ponga las cosas en su sitio, algo así como lo que ocurrió con el caso Crepa pero elevado al cubo. Que en vez de cien crotos como los que fueron a pedir clemencia para el bueno de Crepa, florezcan diez mil justicieros bramando por la liberación del pueblo, dispuestos a colocarse el traje de héroes (con este calor y de capucha y capa, mamadera) para salvar a toda la población y casi que a la Humanidad, pero sobre todo a las futuras generaciones, del hereje peronista. Encima ‘Bali’ no les da batalla en el campo dialéctico, no les ofrece la otra mejilla pero más o menos. Así los obliga a comerse su propio vómito verdoso, no les brinda ocasión de escupirle la cara. Algo similar a lo que hacía Simón, pero Simón, aún cuando no se prendía jamás en el in-fighting verbal, siempre parecía enojado, más que indiferente. ‘Bali’ no. ‘Bali’ tiene esa cara de buena onda en la línea de los pastores brasileños que asolan la tele cada madrugada (¿Gasparini los mirará?), al punto que a menudo exaspera a las huestes propias, que le reclaman en voz baja o a los gritos más fuego, más pelea corta, más kirchnerismo. El caso es que los radicales instantáneos se quedan, como decía Julio Ruiz en sus clases de Historia en la ya lejana secundaria (y Julio es radical en serio, no es de los instantáneos), ‘con la vaina adentro’. Se tragan la acidez, se limpian un poco la boca y arrancan otra vez a abominar tupido contra el ocupa y a hacer docencia para desasnar incautos, loable labor ciudadana.

-un instantáneo te advierte “y, con todo el gobierno a favor (jamás usan la palabra kirchnerismo, ni siquiera kisnerismo), vamos a ver qué hace”, deseando fervorosamente que no haga un carajo. Y si hace, le van a pegar: “eso lo hubiera hecho cualquiera, este tipo no sirve para nada, con todo a favor y mirá las pavadas que trae, llueve sopa y este salame ataja con un alicate”. Porque los radicales instantáneos en un santiamén adquirieron una profunda conciencia ciudadana, les preocupa el otro, no les alcanza con que las avenidas estén bien iluminadas y el parque más biutiful que la película de Iñárritu, ahora miran a Diamante y se angustian por las cloacas. El compadrito de la plaza les sigue sonriendo con la gardenia en el ojal, pero ellos justo están mirando hacia Latino.

-los radicales instantáneos se han descubierto odiadores, cuando esa defectuosa pulsión era privativa de los negros peronistas, ignorantes y vividores que no trabajan porque total el peronismo les da todo, y encima detestan al que tiene lo que supo ganarse después de destrozar su alma en el yugo de todo los días. Ahora ellos se hallan en la piel la rugosa superficie del odiador. Igual lo maquillan todo lo que pueden, y de última, el odio de ellos es bronca genuina y sed de justicia, el de los otros no, el de los otros es envidia, resentimiento y fiebre vengativa.

Los instantáneos vienen marchando.
Los instantáneos vienen marchando contra el ocupa que tuvo el tupé (‘el tupé’ es una expresión típica de vieja que luce arañas lumínicas en su living).

-los radicales instantáneos son los que empiezan a encontrar desastres en el hospital. Antes no les importaba un tuétano, de última iban afuera, pero ahora su fina sensibilidad no puede soportar ver parvas de gente en la Guardia. Ni logra tolerar la superpoblación de perros en las calles, algo hay que hacer, che, este demencial paisaje perruno es sinónimo de pobreza y polución, ya pronto vamos a parecer la devastada África y este boludo con esa carita de monaguillo (¡monaguillo, ‘Bali’ cara de monaguillo, iupi iupi!) y todos los pendejos inútiles que metió no hacen una mierda.   

-los instantáneos te baten: “se quejaban de las fábricas de zapatillas, vamos a ver qué trae éste, con todo el viento de cola que agarra”. Ahora son industrialistas.
Claro que la indignación de los instantáneos es razonable: hasta el 10 de diciembre tuvimos un hospital maravilloso en infraestructura y atención, todos los servicios en todos los barrios y localidades, un Bolívar fuertemente industrializado y ni un enjuto can en nuestras relucientes calles, pero resulta que en menos de dos meses el hereje peroncho disfrazado de nenito bondadoso vino a hacer mierda todo. Y seguro que a los perros y a los pobres infelices que montan guardia en la Guardia los trajo de Fuerte Apache, de donde va a traer bolsones de turbas a radicarse en nuestra tranquila Bolívar, y a las mentadas casas capaz que ni las hace. Siempre se dijo que destruir es más fácil que construir, todo este guiso envenenado de aniquilamiento vuelve a revelarlo con meridiana claridad. Ahora lo único que falta es que haga re teta el Cine… 

-de corrupción casi no hablan, los instantáneos. Ya recuerdan muy poco de la época de Reina, cuando eran independientes, y encima después pasaron algunas cositas. Si la bandera se ha vuelto gris y el sol tiene jeta de empachado, más vale ni desplegarla.

-consideran que radicalismo y simonerrequismo son sinónimos; más, se sienten los dueños del radicalismo por haber gobernado dieciséis años Bolívar, como si eso les otorgara un derecho extra cuasi celestial, una suerte de plus. El partido y sus corrientes internas no simonerrequistas deben arremangarse e ir adonde están ellos, nada de partir diferencias, qué se piensan esos fracasados que ahora se prueban el traje de supermanes, viejos carcamanes.

Vienen marchando, los instantáneos.

-sí tienen algo bueno, los súbitos: son líricos, no resultadistas. Si fuesen resultadistas no blandirían con tantas ínfulas al candidato que perdió dos “partidos” al toque, uno por goleada y el otro raspando. El resultadismo es implacable con el error, si perdés dos partidos seguidos te tira al tacho y trae a otro. Es decir que entre el exquisito Huracán de Cappa y el infalible Boca de Falcioni, seguro que los simonerrequistas repentinos siempre preferirán a aquel entrañable Globito, un equipo que construyó su leyenda a puro romanticismo y épica. Eso está muy bueno, es un lindo reaseguro para la democracia y las futuras generaciones.

-y por último: los instantáneos berrearán que el periodismo de Bolívar no existe, que debería darnos vergüenza empuñar un micrófono o un teclado, y que a Daniela Roldán y al Chino Castro nos compró ‘Bali’ para hablar bien de él o para no meterle jarabe y a la par denostar al simonerrequismo. O graznarán que somos flores de boludos, porque trabajamos para Balibú y no le sacamos ni medio mango, ni un triste puestito ni un sorong. Pero que no nos vean pasar en un auto, ahí se pudre todo. Salvo que sea un vetusto DKW, en ese caso capaz que creen que el gobierno de la montonera trucha salió a liquidar una última partida estancada en algún mugroso taller del Conurbano, tipo una desgracia de Carcachas para Todos. Y que a Duilio y Gargiulo no se les dé por reaparecer con el bisemanario “Dos” a todo color, porque entonces sí que rrrrrevienta todo, y que vivan la democracia y la crema moka.

¡Ah! Tenés razón, sí, también hay balistas instantáneos. ¿Y?

sábado, 4 de febrero de 2012

Que tanto filo no nos corte


Que tanto filo no nos corte
Por Ariel Lede

1.
Me sumo a la discusión que propone Daniela sobre “las izquierdas”. Advierto desde ya que no todas mis opiniones son en respuesta a ella, sino insumo para el debate general. Confío en que las sabrá distinguir. El título que abre sus reflexiones anuncia una mirada aguda sobre la complejidad del fenómeno de “las izquierdas argentinas” (así, en plural). Sin embargo, en lo que sigue el plural es abandonado sin previo aviso y “la izquierda” (así, en singular) pasa a ser una cosa homogénea, dignataria de importantes reproches y culpable de algunas decepciones. Observo en esto el mismo déficit que tiene una parte de la izquierda (no toda: y esa es la cuestión) para comprender el fenómeno kirchnerista. ¿A qué se le dice “izquierda”? No existe tal cosa. Hay diversas corrientes de izquierda (o digamos para ubicarnos geográficamente: a la izquierda del kirchnerismo), que tienen muy poco que ver con la descripción que hace Daniela. Es cierto que una parte de la izquierda “no le da la guerra a la derecha con el mismo odio que contra todo lo k” (digamos de paso que también hay una parte del kirchnerismo que se ocupa más de la derecha externa que de la interna, o incluso que pierde el tiempo criticando los errores de una izquierda que supuestamente no representa a nadie), pero también es cierto que otra parte de la izquierda apoyó las retenciones móviles, la ley de medios, el matrimonio igualitario, la estatización de las AFJP, la asignación universal y otras medidas encaradas por el gobierno. Precisamente por eso que decía Grüner en el texto que cita Daniela: “por razones éticas”. También es cierto que una izquierda (o centroizquierda, como quieran) fue la única expresión en el parlamento en contra de la ley antiterrorista. Que una izquierda fue parte durante largos y penosos años de la lucha solitaria de los organismos de derechos humanos, de las organizaciones piqueteras que enfrentaron el neoliberalismo, de cientos y miles de grupos de militancia barrial que hoy batallan contra la pobreza, la policía y los punteros del PJ, de las tomas de colegios secundarios en Capital Federal en 2010 en contra de las políticas macristas. La izquierda que describe Daniela (sin duda muy útil como chivo expiatorio “decepcionante” para justificar posturas personales de muchos descreídos de la posibilidad de transformaciones estructurales) es apenas una parte. Tal vez sea la más visible por su participación electoral y (tímidamente) mediática, pero eso no la convierte en la expresión representativa de “la izquierda”. Hay izquierda en el gobierno, dando una batalla contra la derecha en el gobierno. Hay izquierda fuera del gobierno, construyendo lentamente experiencias de organización popular o reconstruyendo los tejidos sociales que destrozó el neoliberalismo. Hay izquierda en los sindicatos, peleando contra los empresarios (la derecha) a los que el gobierno subsidia. Hay izquierda tonta y vanguardista. Hay izquierda llena de vicios teóricos europeizantes. Hay izquierda en los organismos de derechos humanos, en los movimientos feministas, en el cooperativismo, en las universidades, en las radios comunitarias, etc. Hay izquierda que entiende bien las rupturas y novedades de esta etapa política, aunque no se conforma (pero qué tontera che) con reconocerlas y festejarlas, sino que también busca hacer visibles las continuidades y los retrocesos. Hay izquierdas.
En ese sentido hay izquierdas que, frente a una barrabasada como la ley antiterrorista, cuestionaron a los kirchneristas progresistas (incluso de izquierda, que los hay) que avalaron esta medida. Porque encontramos en muchos de ellos (y no sólo en el caso de esta ley) una actitud que en ocasiones posterga la ética en nombre del pragmatismo. La suspensión estratégica y momentánea de la crítica es plausible cuando una coyuntura lo exige, como fue el caso de los enfrentamientos contra las patronales agrarias, contra los medios hegemónicos, contra el poder retrógrado de la Iglesia, contra el FMI. ¿Pero qué pasa cuando es el gobierno mismo quien tiene una actitud de derecha? ¿Qué pasa cuando una parte no menor de la derecha se acomoda en el partido gobernante y gana importantes posiciones de poder con el título de progresista? ¿Qué pasa cuando los medios afines al gobierno también evitan el tratamiento de ciertas problemáticas sociales? ¿Qué pasa cuando el mayor colectivo de intelectuales que apoya al gobierno no dice nada sobre la ley antiterrorista? (porque no puede decirse, en honor a la verdad, que un breve párrafo perdido en una Carta Abierta de 5905 palabras, 38211 caracteres, 9 hojas de word, sea un reclamo, una denuncia o una actitud crítica). ¿Eso no decepciona? El pensamiento crítico no debe refrenar su capacidad de inquirir. Los procesos políticos se profundizan en la tormenta del conflicto, aceptando el conflicto, no negándolo. El pensamiento crítico no es otra cosa que la antítesis del pensamiento conservador. Y ojo, porque un pensamiento puede ser conservador sin ser de derecha.

2.
Me detengo en la “ley antiterrorista” a modo de ejemplo: desde muchísimos sectores políticos, organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, sindicales, tanto opositores como afines al kirchnerismo, se advirtió al gobierno sobre la peligrosidad de esta ley. Pero éste prefirió avanzar con su mayoría parlamentaria (acompañado por la derecha radical, pejotista y proísta) y prometer -de palabra- que no aplicará la ley para criminalizar la protesta social. Sin embargo eso no es algo que pueda controlar el gobierno, ya que hay muchos jueces (otra derecha) que esperan ansiosos poder calificar de “terroristas” a más de un militante político. Tanto es así que, a pocos días de ser sancionada, se cumplió lo predicho por los críticos: la ley se aplicó en Catamarca para criminalizar la protesta social (lo denunció incluso el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel en una declaración pública). Entonces, ¿no deben excusarse los legisladores, los funcionarios y los intelectuales que avalaron -aunque sea con el silencio- la medida? ¿No debemos exigir -como algo básico- una explicación? ¿No nos dijeron “nunca menos”? ¿Esto no es “menos”? Semejante retroceso no puede encontrarnos silenciosos, con la crítica en stand by. Cada nuevo hecho político debe ser incorporado como insumo para la interpretación del fenómeno general. Y si hay algo que supo y sabe hacer el discurso oficial es utilizar los hechos que más le favorecen, que mejor lo pintan, manteniendo a los otros por fuera del análisis. Por eso algunas izquierdas, ante cada contradicción, buscan interpelar ese discurso sesgado. Nada nuevo. Por lo tanto, lo que queremos decir es que cuando se hable del kirchnerismo, esta medida política también debe ser parte de la lista de medidas del “modelo”. Como también deben serlo el modelo de agronegocios que avala el gobierno, el sistema impositivo regresivo que aún padece la gran mayoría de los argentinos, la extranjerización de los bienes comunes -o recursos naturales-, los varios gobernadores de derecha que también representan al partido gobernante, la negación de la inflación, el persistente camino libre (de liberal) otorgado a los proyectos de megaminería, etc, etc, etc... Esas no son simplemente “unas deudas” o un punto débil del gobierno: son parte del modelo. Y frente a eso, creo yo, las pomposas referencias a lo “nacional y popular” al menos deben ser puestas en cuestión. ¿O no? ¿Es muy descabellado el planteo? ¿Es acaso una pretensión de izquierda infantil, vanguardista, tonta, querer analizar con mayor profundidad el confuso y cada vez más contradictorio conglomerado que gobierna nuestro país? Porque ojo, tampoco debe hacerse una religión de las contradicciones y los grises. Porque ojo, el fantasma de la derecha no sirve para todos los sustos.
Ahora bien, ¿la sanción de la ley habilita a decir que el gobierno ha girado a la derecha? Me parece una conclusión apresurada. Sin embargo, eso no cancela otra caracterización necesaria: que la medida sí es de derecha. Y cuánto. Que sus fundamentos ideológicos son de derecha. Y que, sumada a otros indicadores preocupantes, podría ser un aviso sobre la posible marcha del modelo. Nada más, pero nada menos (nunca menos). Comparto la máxima que cita Daniela: “a los hombres, como decía Karl Marx –que era de izquierda– hay que juzgarlos por lo que hacen” (Grüner). Pero por todo lo que hacen, no por una selección arbitraria. Y en esto radica, me parece, un problema de muchos adherentes al kirchnerismo: su interpretación exageradamente sesgada. Sobra decir que toda interpretación es sesgada (nadie reniega de eso), pero si se extrema provoca (intencionalmente o no) una comprensión incompleta del proceso político. Pongamos por caso lo que decía Daniela: claro que la postura de Kirchner frente al FMI fue un avance formidable, pero eso no elimina el problema con el GAFI. Si lo que hizo el gobierno con el FMI fue asumir una posición de independencia, lo que hizo con el GAFI fue lo contrario. Con esto quiero decir que el repaso de las “cosas buenas” del kirchnerismo a veces conduce a no problematizar las “malas”, a dejarlas en un segundo plano. Es cierto que hay una izquierda miope que hace exactamente lo contrario y no supo ni sabe interpretar las diferencias entre las dos décadas, las características de la nueva etapa, etc. No pertenezco a esa izquierda y no me voy a excusar por ella. ¿Pero es que acaso un proceso político se radicaliza con una actitud conformista? Es cierto que muchas medidas aún no se pueden tomar, que no hay condiciones para determinadas decisiones políticas que implicarían un peligroso enfrentamiento con el poder económico local e internacional (el más grande de los enemigos de cualquier “campo popular” que se precie de tal), pero esas condiciones se crean con la acción militante, con la persistencia, con la insistencia, con el inconformismo. Eso es la política revolucionaria. Lo peligroso del pragmatismo o el posibilismo es que se convierta en otro principismo: porque mantiene los cambios históricos a un ritmo más lento. Siempre está tan presente ese hallazgo de la poesía política que supo gritar el Che: “Seamos realistas, exijamos lo imposible”. O la belleza batalladora de Silvio: “El sueño se hace a mano y sin permiso”.

3.
La discusión entre el “vaso medio lleno” y el “vaso medio vacío” es pueril e inconducente. A la vista está, pasados ya ocho años desde que la política comenzó a pagar algunas deudas con el pueblo, que ese formato de la discusión nos estancó. ¿Tan difícil es abandonar las mezquindades e incorporar todos los elementos posibles a la discusión? El cuerpo 1 de mi boleta ingresó a la urna con la caripela de Cristina, y no tengo ni un drama en decirlo. El gobierno ha sabido posicionarse a la izquierda de todos los gobiernos anteriores: en el terreno de los derechos humanos, de las políticas sociales, de los cambios culturales, de los medios de información, de la seguridad social, de la política laboral, y otros. Eso lo hace, creo yo, el mejor gobierno de la historia argentina. Pero tal conclusión no debe velar el necesario debate sobre otros aspectos del “modelo” que no son ni nacionales ni populares a la vista de cualquier poco entendido en política. Comparto la idea del Chino Castro de que no se puede ser “progresista” si se es “antikirchnerista”. Y comparto con Daniela que ese es un error en el que cae una parte de la izquierda. Pero tampoco se puede ser “progresista” fundando cualquier acción en la “real politik”. Si la ética deja de gravitar y enraizarse en las decisiones políticas, el porvenir se oscurece. La historia del peronismo (que supo ser nacionalista, popular, de izquierda, de derecha, pro-militar, progresista y neoliberal) es una clara muestra de eso.
Comparto el diagnóstico de que una izquierda persiste “en pelear con el enemigo equivocado mientras las derechas miran riendo a carcajadas cómo desde el pretendido campo popular se producen las encarnizadas batallas”. Pero a eso hay que agregar que las derechas también se ríen a carcajadas viendo que muchos de sus representantes pertenecen y ocupan posiciones de poder en el partido gobernante, y que los grandes dueños de este país (que son la derecha económica: los bancos, los monopolios, etc.) también se ríen a carcajadas porque nunca antes tuvieron tantas ganancias (no más que un dato de la realidad). Pongamos un ejemplo: Clarín, con su monopolio económico y cultural, es un enemigo. Pero no es el único enemigo, ni el único monopolio. Pongamos otro: el poder adquisitivo de la mayoría mejoró, la pobreza y la desocupación disminuyeron, este gobierno llevó adelante muchas mejoras esperadas y reclamadas largamente por el pueblo. Festejamos. Nos emocionamos, sinceramente. ¿Pero ahí culmina el análisis? ¿No hay nada más para decir? ¿En serio creen que el pensamiento crítico es tan corto como eso? Si hay una actitud de izquierda (digamos mejor: marxista), es la de nunca perder de vista el movimiento general del capital. Y hoy en Argentina, a la disminución de la pobreza se le suma otro dato: el aumento de la desigualdad, es decir la distancia entre los que más y los que menos tienen. Y de eso se ríe a carcajadas el capital.
En fin, ¿es el gobierno un enemigo? No, pero sí lo son algunos de sus elementos constitutivos, de sus alianzas indeseables. Y ahí la piedad que se vaya a dormir. ¿Es la izquierda, aun esa tan equivocada, el enemigo? Tampoco. De hecho así lo entiende el propio gobierno, para quien la izquierda no es siquiera un interlocutor (porque no hay forma más efectiva de clausurar al contrario que ignorándolo). ¿Entonces por qué tanta diatriba contra los errores “la” izquierda? Si no es una necesidad política, es entonces personal (y la respeto). A cualquiera que aún le queda, como suele decirse, “un corazoncito de izquierda”, ya no le resulta tan fácil (como lo era en 2008 y 2009) justificarse a sí mismo el apoyo a un gobierno tan contradictorio.
Me guardé este comentario para terminar (y para ver si empezamos mejor): rechazo de plano la idea de que la política de izquierda necesita de muertos para existir. Un desliz similar llevó a José Pablo Feinmann a decir que el asesinato de Mariano Ferreyra fue responsabilidad de Jorge Altamira. Muy lejos de eso, son los sueños y proyectos de una sociedad más justa en lo político y lo económico, y más plural en lo cultural, los mayores alimentos de los esfuerzos políticos de izquierda y progresistas. Las víctimas despiertan voluntades (básicamente porque nos pegan muy adentro y de inmediato, nos indignan, nos duelen), pero más despierta la injusticia que las genera. No es saludable para un debate fraterno entre compañeros del campo popular negar el componente ético, histórico y político de la política de izquierda.
Saludos respetuosos y compañeros.
Que siga la trifulca.

martes, 31 de enero de 2012

Izquierdas argentinas, al filo de la navaja


Izquierdas argentinas, al filo de la navaja
Por estos días hay muchas materias grises batallando contra “los intelectuales kirchneristas” o los “militantes virtuales”; mentes que no le dan la guerra a la derecha con el mismo odio que contra todo lo k. Hace tiempo que esa cuestión me trae harta y sobre todo decepcionada (una vez más) de la izquierda.
Desde muchos sectores pareciera que se busca con desesperación algún muerto, alguna policía represiva (si es de provincia K mejor, porque si es la de Macri, zafa, aún para la “izquierda”), para poder pegar con contundencia, no ya al Gobierno sino, como vienen haciéndolo desde hace tiempo, a “los intelectuales K, periodistas militantes” u otra calamidad de reciente factura.
Como para darle la razón a quienes sostienen que la principal batalla que se da en estos tiempos es la cultural, es que vienen los sectores de izquierda machacando con “qué van a decir ahora los intelectuales K” en cuanto sucede algo que les dá alimento (represión policial, gatillo fácil, muerto por un rayo). En realidad sería interesante que cuando desde esos espacios se “descubren” los casos que –según ellos- hacen del gobierno de CFK un gobierno de derecha, le peguen (previo brindis) al mismísimo gobierno y no se devanen tanto pensando en qué dirán los “militantes virtuales del kirchnerismo”.
Porque en este caso se les nota la hilacha, porque dejan al descubierto el verdadero rencor eterno que abrigan los sectores políticos que se dicen de izquierda, que pretenden representar los intereses del “pueblo” y que el peronismo en sus variadas presentaciones, ha dejado colgados del pincel. Cuando no se colgaron por sus propios medios.
El gobierno de CFK no es de izquierda, esto es una obviedad y difícilmente quienes desde la intelectualidad se sitúan en su misma vereda así lo crean. Es un gobierno peronista y como tal contiene a sus contradicciones. Hay mucha derecha gobernando en la actualidad, basta mirar las provincias; en Buenos Aires, sin irnos lejos, hay una verdadera tensión entre el vice Mariotto y el gobernador Scioli…
Vale preguntarse entonces si no hay suficiente enemigo de las izquierdas en el poder, como para destilar todo el veneno en los intelectuales que apoyan, en más o en menos al gobierno (léase Carta Abierta, Argumentos, sectores del Cooperativismo). Por lo demás, cuánto de inconducente tiene esta dirección de la batalla. En criollo, qué “al cuete”, porque no generan sino el abroquelamiento de quienes no creen que el enemigo actual de los sectores populares sea el gobierno, aún con las deudas…
Toda esta monserga viene a cuento porque aparentemente existe la idea en algunos intelectuales capos (o sea los de la izquierda) de que el de CFK no es un gobierno nacional ni popular ni nada y que además ha hecho un giro a la derecha indisimulable.  Ejemplito: “El gobierno nacional y popular tiene ahora, para empezar, y entre muchos otros, un problema “semántico”: ¿puede ser “nacional” un gobierno que resigna su soberanía nada menos que para dictar leyes, sometiéndose a las presiones de un organismo económico internacional como el GAFI, comandado a control remoto por el Imperio? ¿puede ser “popular” un gobierno que propone leyes “antiterroristas” que, en manos de jueces conservadores o simplemente desaprensivos, podría castigar con severas penas de cárcel a unos obreros que ocupen una fábrica, unos campesinos que protesten por la contaminación de la minería a cielo abierto, unos maestros que instalen “carpas blancas” demandando aumento de salarios? ¿se puede seguir diciendo que un gobierno que hace eso no “criminaliza” o no “judicializa” la protesta social?” (Eduardo Grüner)
¡¡¡Por fin!!! Qué suerte que existe el GAFI, que aparentemente es mucho más importante que el FMI, al que Néstor Kirchner le puso límites, sino, el problemita semántico del kirchnerismo no sería tal. Aparentemente, desde las izquierdas no se ha aprendido nada. Persisten en pelear con el enemigo equivocado mientras las derechas miran riendo a carcajadas cómo desde el pretendido campo popular se producen las encarnizadas batallas.
Por último, me parece muy útil resaltar que las críticas más inteligentes contra la minería a cielo abierto (perdón Pino por el robo de slogan), a favor del aborto no punible, en contra de la ley antiterrorista, las leí/escuché desde el interior del pankirchnerismo. Gran dilema para el amigo del problemita semántico y para los amigos del campo “popular” anti K.
Y gran dilema para quienes pretendemos seguir haciendo una tarea crítica de todo gobierno, porque caminamos, como nunca ocurrió desde la primavera alfonsinista para acá, sobre el filo de la navaja. Con tanto pensador de izquierda antipopular dando vueltas, hay riesgos que son algo más que semánticos, de quedar en off side (u orsái) respecto de los intereses de los más vulnerados.
En todo caso, coincido con otras reflexiones del sociólogo Grüner, cuyas palabras sin duda tienen más peso que las de la “periodista y punto”:  “Hoy basta ser más o menos “keynesiano”, -dice e el académico- más o menos “desarrollista”, más o menos “heterodoxo”, para, comparado con el neoliberalismo conservador thatcherista, imaginarse “de izquierda”. Ya no es de izquierda tan sólo el que sospecha que si bien el neoliberalismo es un síntoma gravísimo, quizá la enfermedad (¿incurable?) sea el “sociometabolismo del Capital” en su conjunto. También puede reclamarse “de izquierda” el gobernante que aboga por un capitalismo “racional”. Es algo del orden de lo que Sartre, para volver a él, llamaría la mala fe. Y es que a los hombres, como decía Karl Marx –que era de izquierda– hay que juzgarlos por lo que hacen, antes que por lo que piensan de sí mismos. Así como Sartre era de izquierda antes de asumirlo “politizadamente”, la mayoría de la clase obrera y los sectores populares argentinos no incluye en sus sistemas de identificación simbólico-política la palabra “izquierda”, pero sí muchas acciones que corresponden al contenido de la palabra. ¿Alguien que se considera de izquierda debe acompañar esas acciones reivindicativas aunque ellos no se reconozcan en esa palabra? Claro que sí. Lo debe hacer por razones éticas. Pero por razones ético-políticas, no puede mentirles fingiendo aceptar que es “de izquierda” una política que, por ejemplo, se limite a tomar medidas reparatorias aisladas que, una por una, pueden ser en muchos casos defendibles, pero que en su totalización (discúlpesenos que nos obcequemos en cierto sartrismo) se orientan a conservar la lógica básica de la dominación. Sostenerse en esa tensión, en ese conflicto entre las demandas de lo ético y lo político, es lo que en otras épocas solía llamarse “pensamiento crítico”[i].
Bueno, tal parece que en muchas oportunidades a los intelectuales que se dedican más a aprenderse de memoria los enunciados teóricos de sus maestros europeos que a mirar en derredor suyo, una vez más puede escapárseles la tortuga[ii] y que pierdan el equilibrio de tanto y tanto que quieren mantener la tensión.
Daniela Roldán



[i] Revista Ñ, Ideas/ Política y Economía, 16 de agosto de 2011
[ii] Diego Maradona, en alguna oportunidad…