sábado, 16 de febrero de 2013

“Tenemos a Rafael”



Con las consignas “Ya tenemos presidente, tenemos a Rafael” y “Todo, todito, votá por 35”, se montó (en términos de slogans) la campaña presidencial de Rafael Correa. El mandatario ecuatoriano, al frente de Alianza Pais, deberá refrendar su gobierno en elecciones libres a celebrarse hoy, con el 50 por ciento de los votos, para evitar la segunda vuelta. “35”, es el número de la lista de sus asambleístas.
A pura gambeta, en todo el mundo se pudo tener acceso a esos slogans y también a la plataforma, tan resistida desde la derecha, de la “revolución ciudadana”. ¿Gambeta a quiénes? A los soportes mediáticos tradicionales, claro.
Algunos, -la mayoría- de los presidentes latinoamericanos tienen problemas con los medios de comunicación, en la medida que las decisiones de esos gobiernos generan políticas que incomodan a los sectores que históricamente manejaron la balanza del bien y del mal en la región.
Es en ese contexto que el uso de las redes sociales y las plataformas digitales a disposición de cada vez mayores porciones de la sociedad, le vienen como anillo al dedo a estos jefes políticos que han aprendido a comunicarse en forma directa con sus pueblos. Esas formas comunicacionales implican auténticas gambetas al poder deformador y manipulador de los grandes medios y, desde la mirada de una observadora y seguidora, los resultados son sorprendentes.
Chavez, Correa, Fernández de Kirchner, Rousseff, Morales y hasta Obama son los nombres propios escogidos por los grandes grupos mediáticos para llevar adelante una tarea sistemática de demonización. Se disparan sobre ellos los calificativos más gruesos, que muchas veces calan en los imaginarios colectivos hasta un extremo impesando desde una inteligencia media.
El presidente de Venezuela, Hugo Chavez, es sin dudas uno de los blancos preferidos por las grandes corporaciones mediáticas, que incluso llegaron a perpetrar un golpe de estado en su contra, avalado por el entonces gobierno de los Estados Unidos (ver La revolución no será televisada). 
Se recordará, con vergüenza, que en enero pasado El País de España, publicó una falsa foto de Chavez agonizando. Dijo acerca de esa publicación el profesor Juan Carlos Monedero: “Lo grave, más allá del error, es la voluntad política (política, no nos engañemos) de publicar una foto que, en su lectura, podía producir efectos que van en consonancia con la línea de un periódico que entre el 11 y el 13 de abril de 2002 se alegraba de la destitución del “dictador Chávez” y se mostraba eufórico por el triunfo del “presidente Carmona” (www.comiendotierra.es).
Los agravios que los grandes medios le profieren al mandatario que actualmente atraviesa un delicado cuadro de salud, eran inéditos en la historia mediática reciente, incluso llegan a manifestar el deseo de su muerte a través de los titulares y contenidos que se eligen. “El diario español ABC publicó ayer que los médicos que atienden a Hugo Chávez en La Habana “ya han comunicado a la familia del Presidente, a los hermanos Castro y a la cúpula chavista que el paciente ya no está en condiciones de regresar para ejercer la Presidencia de Venezuela” (El Nacional. Caracas, 16 de febrero de 2013).
En el caso de la publicación de El País, las redes sociales difundieron rápidamente la desmentida respecto de aquella foto falsa y, en la pulseada, perdió el medio. Porque perdió otra gota de credibilidad, que es, a la sazón, el único bien que el periodismo debería tutelar con el mayor celo. Los ejemplos abundan.
La presidenta Cristina Fernández es otra de las mandatarias cuya imagen, a pesar de estar sostenida por un amplio segmento del pueblo argentino, es vulnerada y agraviada mediante las formas más diversas, en el uso de (por parte de los autores) de una libertad de expresión, en nombre de cuya falta la insultan. ¿Un juego de palabras, un oxímoron, un absurdo, un enredo? Tal y como está planteado, es un poco de todo eso y es bastante de politiquería ramplona, en nombre del ignominioso partido mediático.
En el caso de CFK juega un rol importante, además, la cuestión de género, la violencia del sistema patriarcal que resiste en el cuerpo social, que no termina de digerir que una mujer gobierne un país con el cual más de un hombre no supo qué hacer. En ese sentido, no tiene su par el calificativo “la yegua”, por ejemplo.
Otra vez, los casos se multiplican y se atropellan. Es por eso que, para lograr una aproximación al entendimiento de la barbarie semántica que brota como hongos, se necesitarían semiólogos, antropólogos, psicólogos y una verdadera turba de ólogos de alta gama, puestos a desentramar el verdadero origen de la brutalidad.
Era inevitable mencionar a sus pares para llegar a este presidente, otro de los que más confronta con la prensa (o mejor, que es confrontado por parte de la prensa) y no al azar, sino en virtud de la “revolución ciudadana” que está llevando adelante en su país: Rafael Correa. Hoy, este mandatario que se someterá al voto popular para legitimar un nuevo período de gobierno, les ha ganado varias batallas a los medios, haciendo un uso magistral de las redes sociales.
A la cuenta oficial de twitter con la cual el presidente ecuatoriano venía comunicándose, se sumó en la campaña electoral, la de su grupo de colaboradores, “Ya tenemos presidente”. Por ese medio y por su cuenta de Facebook, se anunciaban los horarios de las entrevistas y los de los actos multitudinarios que realizó absolutamente todos los días a lo largo de todo el país. Cualquier integrante del colectivo “gente de a pie”, de todo el mundo, podía hacer un click y veía/escuchaba en directo todo el desarrollo de uno u otro acontecimiento.
¿Si alguna cadena internacional lo tomaba? Poco pareció importarles a Correa y a sus seguidores. Los cánticos pegadizos y bailables que formaron parte del folclore de campaña, se multiplicaron en cientos de miles de ecuatorianos que fueron protagonistas de una campaña cuyas características, al menos en esta parte de América, suena digna de ser atendida.
En estos países, cuyos gobiernos son de izquierdas (en un arco de variación interesante) o progresistas, las oposiciones son inevitablemente de derechas, aunque se dispongan bajo siglas otrora revolucionarias. Y las grandes corporaciones mediáticas no sólo son parte sino que son en sí mismas la aglomeración de esas oposiciones, encarnando el liderazgo del partido pan mediático.
Y como la batalla es, en definitiva, cultural y no otra, se pretende que las ágoras sean los periódicos y los canales de televisión, en actitud repelente a los espacios públicos. Se trata de generar miedo a la calle, de azuzar mentes desprevenidas, con el sonsonete de “no se puede salir, los ladrones andan sueltos y nosotros (¿los decentes?) tras las rejas”, repetido como un karma.
El triunfo electoral de Chavez en octubre pasado y el muy probable triunfo de Correa hoy hablan a las claras de los corrimientos escénicos como signo de los tiempos. Las calles rebosantes, los pueblos atiborrando avenidas, las mareas rojas y verdes o celestes y blancas, están hablando y le discuten a los poderes establecidos.
“Aquí está la mejor respuesta a tanta manipulación mediática. (Decían) que ha sido una campaña apática, que ha sido una campaña sin interés, que no ha presentado propuestas: Apática para sus candidatos, sin interés para su partidocracia, sin propuestas y sin planes de gobierno para ellos”, dijo Correa en el acto de cierre de campaña.
Si el amparo mediático de esos poderes trata de ocultar esa realidad contundente y en cambio estigmatiza a quienes se apropian de los espacios públicos para festejar o manifestarse, con la acusación abusiva del “clientelismo”, parece no importarle a los protagonistas. Es que ahora, el uso exclusivo de los canales de circulación de los bienes culturales, de la formación de opinión pública, de la generación de patrones de pensamiento, está cuestionado y más aún, está puesto en jaque.
Porque las calles, así en Quito como en Guaya, así en Buenos Aires como en Caracas, son territorios en disputa entre quienes agitan el miedo y quienes por otro lado, las usan para festejar o reclamar, pero sin temor. Y el uso de las redes sociales (en buena medida) permite dar cuenta de ese acontecer, gambeteando al poder, en favor de la democracia en la comunicación.
Es tan cierto, al mismo tiempo, que la anhelada igualdad y la deseada democracia no es tal y que los poderosos siguen siendo los mismos.
Por eso se habla de gambeta y no de goles devenidos en triunfos. Aún se está en el plano de la disputa, por momentos con profundas asimetrías. Pero este punto forma parte de otro análisis, no menos rico, no menos complejo.
Daniela Roldán

lunes, 10 de diciembre de 2012

La Plaza que ríe


Un día, hubo la conciencia de que era mejor ir y ver con ojos propios. Para que cientos de miles no se transformen, en el camino de la Plaza hasta la redacción de un diario, en 30 o 40 mil. Para que la alegría no sea traducida en “adoctrinamiento”; para que las personas sean personas y no adjetivos.
Y hubo ese día en el que se decidió ir a la Plaza, o al Congreso, o a la cancha, para descorrer, aun más, si fuera posible el gran velo que impone la mediación intencionada, esa que no te cuenta desde dónde te lo está contando.
Entonces, mientras desde hace un mes se intentaba instalar que los sectores oficialistas o afines al gobierno de Cristina Fernández estaban en reflujo y que la calle estaba siendo disputada con éxito por parte de los sectores más conservadores o reaccionarios del país, la Plaza del domingo dijo otra cosa.
Estuvieron para festejar el Día de los Derechos Humanos y de la Democracia, los encuadrados en organizaciones sociales o políticas y también, en muy gran medida, aquellos que decidieron ir por su cuenta, en familia, en pareja. Matrimonios adultos y miles y miles de parejas de jóvenes.
Por el escenario ubicado en el frente de la Casa Rosada pasaron los artistas populares que no dudan en comprometerse, como Víctor Heredia, Fena della Maggiora, Charly García o Fito Páez entre otros. En las diagonales Norte y Sur, se pudo disfrutar de la diversidad, de la multiculturalidad, de las comidas y las ofertas culturales de todo el país y de Latinoamérica.
“Llega la patota de Fidel y el Che Guevara…”, coreaba el grupo de la FEDE (Partido Comunista); “Vengo bancando este proyecto nacional y popular”, cantaba la inmensa columna de La Cámpora (entre los cuales marchaban varios jóvenes bolivarenses), que era aplaudida por la gente apostada en las esquinas. “Más trabajo es la Ley de Medios”, alentaba una señora movilizada con Nuevo Encuentro, desde un cartel caserito. “Gracias Néstor, siempre juntos”, decía desde una pancarta otra señora mayor que no quiso perderse la fiesta a pesar del calor.
Algunos funcionarios del Gobierno, entre ellos el jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina, el vicepresidente Amado Boudou, el titular de la Afsca Martín Sabbatella, estuvieron junto a la gente, reproduciendo escenas que ya son comunes, tanto como impensables hace poco más de una década. Lo que pasó en el medio tiene que ver con la recuperación de la política y su sentido.
En el escenario, la presidenta Cristina Fernández distinguió al artista León Ferrari, a los periodistas Edgardo Esteban y Víctor Hugo Morales, al músico Daniel Bareinboim, al poeta Juan Gelman y a Susana Trimarco, con el premio Azucena Villaflor  por su lucha en favor de los Derechos Humanos.
Después, eso de las 20.30 y por espacio de 45 minutos habló la mandataria. Y la Plaza escuchó en silencio. Los bombos y los cánticos callaron ante el mensaje presidencial y CFK no descuidó el trámite. Pasó por todos los tonos, como ella acostumbra. Cuando pidió que los argentinos recen por la salud del presidente Hugo Chavez, hubo emoción en muchos ojos. Lo mismo cuando volvió a señalar que si la gente “no afloja”, ella tampoco lo hará.
El filósofo Ricardo Forster dijo el sábado en un programa de radio, que el momentáneo revés judicial que significó el fallo de la Cámara en lo Civil y Comercial respecto de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, posiblemente alentaría a muchas personas a movilizarse hacia la plaza. Aunque la convocatoria era de festejo y plural en su sentido más profundo, ese acontecimiento ocurrido el jueves impulsó a mucha más gente hacia la Plaza.
No obstante, estuvieron ausentes las consignas agresivas. No se pidió por la muerte de nadie; no se pidió a ningún muerto que se lleve a alguna que ande todavía por la tierra, no hubo esvásticas ni caras desfiguradas por el odio. Hubo sí, bailes, bombos, diversidad. En un tráiler, divertidos, felices, los y las integrantes de los colectivos LGTB, con los dos dedos en V saludaban a las columnas organizadas. Grupos de bailes de otras naciones de América latina, bailaban bajo los 30 y pico de grados bajo el sol, con sus trajes típicos, con su música para compartir.
El acto del domingo en la Plaza de Mayo fue, también, pluriclasista. Hubo mucha clase media de esa que toma nota de los tiempos que corren y sabe que un cambio la volvería a standares de vida muy por debajo, hubo muchísimos jóvenes, enorme cantidad de familias con niños y niñas de corta edad. Hubo también, gente mayor, algunos con sus sillitas portátiles que desplegaban rápidamente. Siempre cuidados por quienes los rodeaban.
En Bolívar, núcleo duro y bastión de la permanencia del statu quo, también se empieza a visibilizar la organización política. Movilizaron La Güemes, La Cámpora, Nuevo Encuentro y la agrupación local Unidos y Organizados.
Daniela Roldán

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Rafael Correa y su cátedra acerca de la libertad de expresión

“… (los medios) se convirtieron en el centro del poder…”
“No somos, créanme chicos, intolerantes con la prensa; somos intolerantes, como debemos serlo, con la mentira, con la corrupción, con la mala fe. En América latina la prensa miente, amparándose en la libertad de expresión. Confunden información con opinión…”, dijo entre otros conceptos el presidente de la República de Ecuador, Rafael Correa.
Lo hizo en el contexto de la entrega del Premio Rodolfo Walsh en la Facultad de Periodismo y Comunicación de La Plata, premio que han recibido entre otros, el presidente venezolano Hugo Chavez y el boliviano Evo Morales en la categoría “Presidente Latinoamericano por la Comunicación Popular”.
El presidente ecuatoriano resaltó la figura de Rodolfo Walsh y bromeó cuando dijo que esperaba que no se den cuenta (quienes se lo otorgaron) del error. Como un buen estudiante, demostró todo lo que se había aprendido en torno a la figura del periodista desparecido “cuya denuncia todavía resuena frente al silencio de los medios de comunicación. Walsh nos mostró los ríos de sangre, los mares del hambre, la debacle económica de un retazo de la historia argentina que todavía nos duele. También nos mostró su coraje, su dignidad, su compromiso militante por la verdad a prueba de balas. De hecho, tuvieron que callarlo a tiros y, aun así, nos sigue hablando de patria todavía”.
Luego, el presidente Correa contó que en el curso de su visita a nuestro país, lo había sorprendido el cambio del carácter en su agenda: cuando creyó que se encontraría en una cena con los residentes ecuatorianos en la que compartiría “unos bocadillos y ya”, resultó que le esperaba una gran fiesta, que debía dar un discurso “que no tenía preparado para nada”. Y en la Facultad de Periodismo, en donde él supuso, mantendría una cita académica, se encontró con un “acto popular, un acto de masas”. Ahora no sé, dijo, si presentar la ponencia que tenía planeada o hacer un discurso de barricada.
Muchos de los presentes eligieron “de barricada”, pero el ecuatoriano prefirió exponer su teoría de la contradicción ética entre los grandes medios de comunicación y la garantía de libertad de expresión. Durante más de una hora, ofreció evidencia empírica, luego expuso la teoría y finalmente la conclusión.
“Lo que está en el centro del debate, no es la libertad de expresión, la cual todos defendemos sino la contradicción ética y técnica de negocios privados con fines de lucro e intereses políticos y grupales proveyendo un bien público indispensable para la sociedad: la información”, dijo Correa en ese sentido.
“El debate de fondo es saber si los medios de comunicación deben o no, participar en política. Al definirse como contrapoder  del poder político, lo están haciendo. Y lo peor de todo: sólo son contrapoder de ciertos poderes políticos, de otros son descarados cómplices, pues al menos en América latina, los medios de comunicación siempre han estado en contra de los gobiernos progresistas. Bastaría ver el rol de la prensa chilena, del diario El Mercurio, en la caída del gobierno de Salvador Allende y la dictadura pinochetista. Es hasta cómico: se definen como contrapoder, es decir, actores políticos, pero no toleran respuestas políticas”.
Correa sostuvo parte del discurso apoyado en imágenes, tomó los libros que registran los wiki leaks como fuente, porque según afirmó, le gusta documentar y “mostrar evidencia” de que lo que está diciendo es verdad.
 “El concepto de libertad ha sido uno de los más estropeados en la historia de la humanidad. América latina conoce muy bien de aquello. No ha habido golpe de estado o invasión, que no se haya dado en nombre de la libertad. Defendiendo supuestamente la libertad, las dictaduras del continente torturaron, desparecieron, asesinaron a centenas de miles de seres humanos. Por si acaso, también invocaban a Dios, no se olviden. En el caso de la libertad de expresión, ésta ha sido reducida a una supuesta libertad de prensa, que sin ética, ni profesionalismo, ni adecuados controles sociales (como son las leyes) se reduce a su vez, tan solo a libertad de empresa, en donde buscando lucro o poder, son ellos los que deciden qué callar, qué decirnos o cómo decirlo.
La libertad para ellos, no para las grandes mayorías; porque somos esclavos de lo que nos quieran decir  o nos quieran silenciar. Al defender los intereses de estos grandes medios mercantilistas, no se está defendiendo la libertad de expresión, ni los derechos humanos sino tan solo y como siempre, los privilegios del gran capital”.
Para Correa, “cómo cambiar esta situación” es el gran desafío a nivel planetario y hay que debatir, “sin miedo”. Para el presidente, los medios son decisivos: “su buena o mala calidad afecta masivamente a la sociedad, inciden en la toma de decisiones de la ciudadanía, en el día a día, en la percepción del acontecer, en valoraciones y opiniones; puede distorsionar los imaginarios de una nación y sus luchas o puede aportar a la construcción de la memoria de sus pueblos, al rescate de sus patrimonios, puede contribuir al avance de la historia. O puede dar lugar a la acción y al pensamiento, sometiéndonos siempre a al inmovilismo, al entreguismo, al colonialismo. De este problema central se deriva la necesidad de democratizar la propiedad de los medios de comunicación e independizarlos de los poderes fácticos, en especial del mercantilismo (…)”.
Se manifestó preocupado por el “solazo” que debían soportar quienes lo estaban escuchando, con una temperatura agobiante. “Yo estoy acostumbrado, soy negrito de nacimiento, pero veo que muchos de ustedes son bien blanquitos; espero que se hayan puesto bronceador”, bromeó.
Finalmente, el presidente elogió la decisión argentina de poner en vigencia la ley de medios de comunicación, en virtud de lograr esa democratización de la que habló anteriormente. Y lanzó una suerte de propuesta de debate que consiste en que el estado debería ser quien se ocupe de garantizar el cumplimiento del derecho a la comunicación.
El acto, que se realizó en las afueras del edificio “Néstor Kirchner”,  contó con la presencia de 700 invitados especiales, entre ellos Madres, Abuelas, docentes y además, estuvieron las columnas de las organizaciones sociales y las agrupaciones políticas. Entre estas últimas, fue importante la movilización de la Tupac, de Quebracho, de La Cámpora, entre otras.
En el palco, junto al presidente Correa, estuvieron figuras como Florencia Saintout, Estela de Carlotto, Hebe de Bonafini, Eugenio Zaffaroni, Víctor Hugo Morales, Adolfo Pérez Esquivel, Gabriel Mariotto, Horacio González.
En el inicio del acto, Correa recibió la designación de Ciudadano Ilustre de la Provincia de Buenos Aires, a cargo del vicegobernador Gabriel Mariotto; una remera y un mate, que le regalaron los integrantes de la Agrupación Rodolfo Walsh; un recipiente con tierra de las Islas Malvinas, entregado por el Centro de Ex Combatientes; y un libro, de parte del Movimiento Estudiantil Liberación.
No lo dejaban marcharse
Es notable cómo los jóvenes (y los no tanto) generan enorme empatía con algunos de los presidentes latinoamericanos. Chavez, Evo, Pepe Mujica y Rafael Correa son los preferidos.
Por eso, pese a lo duro que había sido el “solazo” con ellos, presidente y jóvenes se resistían a abandonar el predio de la Facultad. El, porque quería cumplir con todos, recibir todas las remeras, firmar todos los libros, sonreír y saludar a cada uno. Ellos, porque saben disfrutar de un momento político en el que los “presis” se parecen a sus pueblos, “como dice siempre Cristina”. 

lunes, 8 de octubre de 2012

Fue tan lindo hacer un puente



Están presentando el nuevo trabajo "Hacer un puente", recién en los comienzos de la gira que incluirá diversos puntos del país. Construyen, eso se nota, una comunicación con su público que será un puente de esos que se recorren con alegría.
La Franela se presentó el sábado (domingo a la madrugada) en La Vizcaína y desató una fiesta rockera en "el bar de la esquina". "Le pusieron toda la onda", fue uno de los comentarios que más se pudieron escuchar al final del show, cerca de las 3 y media.
La banda que lidera Piti Fernández (voz y guitarras) y que integran Francisco Aguilar (guitarras y coros); Diego Modica (batería); Lucas Rocca (bajo y contrabajo); Joselo de Diego (voz); Pablo Avila (saxo) y Martín Tucán Bosa (teclados y guitarras) hizo temas de Hacer un puente, trabajo editado en 2011 que están promocionando, algunos del anterior cd y también algunas canciones que grabaron Los Piojos, que son manufactura de Piti.
El despliegue comenzó con Price for freedom y con los fans coreando toda la canción. Es todo un síntoma de buena llegada de un grupo, el hecho de que los seguidores se sepan las canciones cuando el trabajo está todavía fresquito (o calentito, si salió de algún horno). "Sin ustedes no seríamos nada", dijo un Piti agradecido ante la fiesta que se desató entre el público.
Después vinieron "Sirena" y "Entrando en tu ciudad", una de las glorias de Los Piojos versionada en la nueva etapa de Fernández, con la impronta Franela pero manteniendo la esencia piojosa que sigue moviendo la cuerda emotiva de muchos.
La lista de canciones siguió con "Magia", del trabajo publicado en 2009, llamado "Después de ver", primer cd del grupo. Luego vinieron "Pasarás", "Vine hasta aquí", "Maikel Focs" y más tarde comenzó a sonar "Corre": Corre corre el tiempo,/ corre en la ciudad,/va siguiendo al viento/que corre con libertad" y los pibes y pibas que agitaron desde el comienzo le ponían la dosis de alegría indispensables para este tipo de propuestas.
Hubo quienes se vinieron desde Buenos Aires para ver el show. ¿Cuántos kilómetros hay hasta acá?, preguntó Piti. "Bueno, hicimos un puente", dijo ante la tremenda respuesta de "unos 400 kilómetros".
"En vez de murallas, alambrados, vallas, en vez de muros que separan, que excluyen, que expulsan: hacer un puente, es lo que propone este nuevo disco, un disco que reúne doce canciones que hablan de encuentros y desencuen-tros, de viajes, de cambios, de orillas reales y meta-fóricas; doce canciones que transitan por el rock, el ska, los ritmos latinos", dicen acerca de su propio trabajo, en su página web.
Allí quien quiera puede enterarse de que el disco termina con "algo eterno: una breve pieza de bandoneón tocada por Gustavo Kupinsky unos días antes de partir".
Si de memorias, recuerdos y agradecimientos se trata, Piti le dedicó una canción a Germán Daffunchio, con quien grabaron "Pasarás". "El es como un padre para mí, siempre estuvo desde que empecé en este camino del rock", dijo.
La Franela tiene mucho de la mística de ese rock que entre sus búsquedas, más allá de las puramente artísticas, está eso de que «la gente la pase bien, baile, se divierta», sin descuidar las letras. No es poca cosa, porque en el intento, los músicos ponen todo lo necesario para lograrlo; se bancan un escenario chico, en un pueblo chico, casi virgen de movidas rockeras. Y tocan como si estuvieran en un estadio ante miles.
El show siguió con "Al desierto" y acá se impuso la onda y el carisma de Joselo de Diego, que se carga al hombro los temas que hacían Los Piojos. Un personaje, que, por algún motivo remite a Javier Gurruchaga, aquel de la Orquesta Mondragón.
Promediando el show, llegó el tema que da nombre al disco nuevo "Hacer un puente" y después "Todos los vientos", una de las canciones más difundidas de la banda.
"Abran la cabeza", diría Piti al anunciar una "cumbia" y de eso se trata un show de esta gente, de saltar de géneros, de subvertirlos, de allanar caminos entre ellos y de que el disfrute llegue de la mano de las mezclas sanas. Por eso se enloqueció La Vizcaína cuando hicieron una versión rara de la multiversionada "I love you baby", al final de cual le mecharon "como le digo a mi mujer, que ya no la quiero más", de Rodrigo.
La cumbia era "Akanakena", que vino como anillo al dedo porque los fans cantaban aquello de "a ver, a ver, quién tiene la batuta…". En la lista siguieron "Reggae rojo y negro" y "Chan chan", otra extrañeza cuyo estribillo pertenece al mítico Compay Segundo, aquel del Buena Vista Social Club.
El final llegó, siempre con el clima en punto alto, con "Lo que me mata" y por fin "Bicho de ciudad", gritado más que cantado, por todos.
Ya se ha dicho en estas páginas, el público boliva-rense no es estrictamente un fundamentalista del rock. Ni mucho menos. Pero de a poco y en la medida en que haya convocatorias de este tipo, quién te dice, la alegría popular también puede llegar de la mano de este palo. La Franela lo hizo. 

jueves, 26 de julio de 2012

El miedo manda


Escribe Raúl Zaffaroni en La cuestión criminal (Planeta, 2011), libro con ilustraciones de Rep, que “el universo de homicidios dolosos de un país del cono sur no es muy grande. Escribamos en una planilla una docena de preguntas elementales; 1) Lugar; 2) hora; 3) circunstancias; 4) relación entre la víctima y victimarios; 5)medio usado; 6)datos personales de la víctima (edad, estado civil, profesión, instrucción, domicilio, etc.); 7) del victimario; 8) informe socio ambiental (en todos los expedientes se hace); 9) motivo presunto; 10) presencia de tóxicos; 11) circunstancias en que se conoció el hecho; 12) hallazgo del cadáver.”
Dice el abogado, docente universitario y ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación,  que si pudiéramos responder a esas preguntas en todos los homicidios y luego se trabajara en función de los datos obtenidos, se podrían responder otras inquietudes igual de interesantes: “¿Cuáles son los homicidios más frecuentes? ¿Por violencia familiar, celos, disputas entre borrachos, grescas entre bandas, robo, secuestro, etc.? ¿Qué perfiles tenemos de víctima? ¿Quiénes están en mayor riesgo? ¿En qué circunstancias aumentan los riesgos de victimización? ¿En qué segmentos sociales predominan unos y otros riesgos? ¿Qué perfil de victimario tenemos? ¿A qué franja etaria corresponden según los diferentes tipos de homicidios? ¿Qué signos de riesgos previos existen? “
 “Además –agrega- si hiciéramos esto durante cuatro o cinco años, veríamos cómo varía la dinámica del homicidio en el país, cuáles aumentan, cuáles bajan, cuáles se mantienen”- Dice Zaffaroni que es bastante sencillo y elemental, pero “nadie lo ha hecho”.
Si, como dice el juez, nadie lo ha hecho, la pregunta es que cómo se las ingenian los funcionarios vinculados a la cuestión de la (in) seguridad para abordar tamaña cuestión sin un diagnóstico adecuado que debería partir de la obtención y el análisis de los hechos.
Y la otra pregunta válida es por qué la gente común, el ciudadano de a pie sin conocer estadísticas o casuística le permita asegurar que los delitos se han incrementado, se “siente” inseguro en una ciudad como Bolívar (según un muestro realizado en el diario La Mañana versión web, un 71% dijo “sentirse” inseguro en la ciudad).
Si bien el magistrado se pregunta acerca de los homicidios,  el mismo interrogante vale respecto de todo tipo de delitos. Zaffaroni habla de “cadáveres adelantados”, pero es evidente que el desconocimiento y la falta de un diagnóstico serio a partir de respuestas a preguntas relativamente sencillas, podría ser común a otras actividades delictivas.
También en el mismo libro, el juez plantea el concepto de la criminología mediática como esa construcción de la cuestión criminal que las personas terminan por asimilar como propia pero que constituye una visión de los medios.
“¿Pero por qué las personas lo aceptan o están indefensas frente a esa construcción de la realidad? La disposición a aceptarlo obedece a que de ese modo se baja el nivel de angustia que genera la violencia difusa (...) cuando la angustia es muy pesada, mediante la criminología mediática se la convierte en miedo a una única fuente humana”, se pregunta y se responde Zaffaroni.
Esa criminología mediática, siempre “apela a una creación de la realidad, a través de  información, sub información y desinformación en convergencia con prejuicios y creencias, basada en una etiología criminal simplista asentada en causalidad mágica”.
La criminología mediática “crea la realidad de un mundo de personas decentes frente a una masa de criminales identificada a través de estereotipos, que configuran un ellos separado del resto de la sociedad por ser un conjunto de diferentes y malos”.
La construcción de estos ellos, sostiene Zaffaroni, se da por semejanzas, para lo cual “la televisión es el medio ideal, pues juega con imágenes, mostrando a algunos de los pocos estereotipados que delinquen y de inmediato a los que no delinquieron o que sólo incurren en infracciones menores, pero son parecidos”.
Raúl Eugenio Zaffaroni publicó originalmente los artículos que componen La cuestión criminal, en Página 12, con ilustraciones de Miguel Rep. A lo largo de las 357 páginas del libro en el que se convirtieron esos artículos, el magistrado intenta acercar la criminología a los legos, a la gente del común. Avanza en ese propósito a través de conceptualizaciones de “la criminología mediática y la víctima-héroe, la criminología mediática y los políticos, el aparato canalizador de la venganza, etc.”
El intento es complejo porque una de las batallas que sostiene el autor es contra las construcciones mediáticas del crimen. Trata de llegar a las personas en general, a las que no son criminalistas, ni policías, ni políticos, ni jueces y sus derivados, para deconstruir ese sentido.
La competencia que tiene por delante Zaffaroni se parece a la carrera de la tortuga y la liebre. La emprende a puro argumento, dato histórico, estadísticas y perspectivas teóricas académicas para que se desplomen los circuitos del sentido común, de ese sentido común que ha llevado y lleva a la naturalización de horrores sociales como la estigmatización de franjas sociales, la exigencia de mano dura como la salida a las situaciones de inseguridad, el ensalzamiento del poder punitivo, etc.
A la par, hasta en la isla Bolívar, hacen marchas contra la inseguridad y encuestas sobre la (in) seguridad. Entre paréntesis: una de las consignas levantadas por las treinta o cuarenta personas que hace un mes protestaban por la inseguridad, en Bolívar fue: “Bolívar, capital de la corrupción. Donde todo se sabe pero por complicidad se calla. Bolívar mejora… ¿en qué?”.  Entender las causalidades políticas de ese mensaje es otro tema, pero toma cauce de la mano del miedo que fácilmente se instala en la sociedad con la complicidad de la construcción mediática. En síntesis sería: juntamos tu miedo y mi interés y armamos una marchita, generamos malestar social. Si esto no fuera la isla, capaz que tendrían éxito las conjunciones de los miedos de unos con los intereses de otros. Pero no. Cierro el paréntesis.
Dijo Zaffaroni en el programa Marca de Radio (Radio La Red) el pasado sábado: "El miedo al delito callejero es una construcción social de la realidad y los medios son parte fundamental en esa construcción". Se puede agregar: que levante la mano quien no haya escuchado en la tortuosa espera de un turno para lo que sea, la expresión “te matan por un par de zapatillas” o un absurdo similar, en esta ciudad donde no pasa ni el tiempo.
"En casi todas las ciudades los homicidios se concentran en una zona de barrios precarios, en el resto de la ciudad los índices se parecen a los de Suiza", dice el magistrado que maneja algunos números.
Las preguntas clave son a quién o quienes favorece azuzar esta suerte de clima inseguro y cuáles son los datos, las estadísticas indispensables respecto de los índices reales de delitos que manejan las autoridades locales, como para ir desentramando, deconstruyendo, comprendiendo.
Se sabe que, manejar las voluntades a partir del miedo, gobernar desde el miedo, tiene su razón de ser, su explicación. No es un artilugio novedoso. Desarticular la trama de los intereses que hay detrás de ese discurso es el reto para las sociedades que se pretenden democráticas, integradas por sujetos con pensamiento autónomo, es decir, por hombres y mujeres libres.
Daniela Roldán


miércoles, 6 de junio de 2012

Contra el poder


…contra el poder que nunca abraza a los que pueden pensar/contra el poder que nos vigila los pasos/ contra el poder que siempre miente en nombre de la verdad/contra el poder que nos convierte en extraños/ contra el poder que debilita y nada da que sólo quita/y deshace lo que está… Pedro Guerra
Algunos medios digitales tienen moderadores de comentarios para evitar que la impunidad juegue a favor de aquellos que, amparados en un perfil falso o en una cuenta difícilmente identificable, hagan pésimo uso de la libertad de expresión, trocándola en blasfemia.
Estos moderadores, contrariamente a lo que pueda pensarse en términos ligeros, contribuyen a la libertad de expresión. Lo que hacen es evitar que cualquier miembro de la sociedad pueda ser objeto de difamación o agravio gratuito y sin sanción. Intentan tener lectores/comentaristas responsables.
En otros, sin embargo, los dueños de los medios prefieren la propagación de estos comentaristas full time y todo terreno, porque lo entienden como una suerte de estrategia gracias a la cual se multiplican las “visitas” a las páginas en cuestión. Sin importarles, en todo caso, el tráfico de violencia por un lado y la pauperización de las relaciones en general que va en detrimento de la calidad democrática que implica un buen debate de ideas.
Los soportes actuales permiten que los periodistas y los comentaristas mediáticos prácticamente compartan el mismo espacio de difusión de sus ideas, pero mientras para el primero rige la obligatoriedad de ser responsable de lo que dice­/escribe, los segundos no tienen límites. ¿No es eso una gran injusticia, una torpeza que pone en situación de desventaja absoluta al periodista que trabaja con seriedad?
¿Y no es en todo caso, un resorte de los propios trabajadores de prensa el recibirnos de adultos y dar la pelea por nuestro propio interés, que es, en cualquier caso, pugnar porque se respete el oficio y a quien lo ejerce? Los periodistas estamos acostumbrados a narrar los protagonismos ajenos, sin embargo, y hablo de los bolivarenses en particular, es tiempo de que hablemos de nosotros.
En las últimas semanas, al menos tres trabajadores de prensa hemos sido agredidos y/o amenazados con diferente nivel de violencia. En cualquier caso, hemos obtenido la solidaridad de esa porción de la sociedad que está atenta y que no va en manada. Pero también el silencio de otros sectores que luego se arrogan protagonismo en la acción social.
Las amenazas fueron desde un insulto, mensajes intimidatorios a través de las redes sociales hasta empujones o silbatinas en lugares públicos.  No es inteligente esperar a que agredan físicamente a alguien o le hagan pasar un mal momento en el plano de su vida privada, para hacer escuchar nuestras voces de descontento y a la vez, prometer el cumplimiento de las leyes.  Es decir, para denunciar penalmente a los agresores.
Un colega de la ciudad de 9 de Julio fue intimidado en estos días, a punta de pistola, en el edificio de la radio que dirige. Al parecer, lo que molestó  fue que Gustavo Tinetti estaba publicando en su diario digital, algunas notas que comprometían al intendente. Según información de Perfil.com, Tinetti había publicado, días atrás, “información que dejó muy mal parado al intendente de esa ciudad, el radical Walter Battistella. En su portal denunció que aparecía el DNI del intendente con el nombre de una mujer por lo que sospecha que fue una maniobra de Battistella para realizar operaciones comerciales”.
También en estos días, tres trabajadores del programa 6,7,8 de la Televisión Pública recibieron golpes, patadas, insultos, en el marco de una manifestación minoritaria pero profundamente violenta, en la ciudad de Buenos Aires. Y el martes a la noche, cronistas de Telam y de Tiempo Argentino fueron víctimas de golpes y atropellos.
La práctica del apriete no es nueva y de hecho en el país muchos compañeros trabajadores pagaron con su vida el ejercicio comprometido de su trabajo. El apriete jamás se ejerce contra  aquellos que siempre se colocan del lado que abriga el sol, sino todo lo contrario.
Para el periodista que es esquivo a las dádivas, a los amiguismos y a la genuflexión ante los poderes, la tarea es ardua, molesta, pero no más amarga que la de cualquier obrero o empleado en un contexto que no privilegia los derechos de los trabajadores.
Sin embargo, hay algo que distingue al oficio de periodista respecto de otros. Y es que, para algunos o para muchos, es lo mismo un periodista que un medio de comunicación. Sin embargo, un periodista vive de su fuerza de trabajo, como cualquiera, en cambio un medio es una usina de poder. En esta escena se distingue que los intereses de esa usina y los de los trabajadores no son los mismos.
En muchos diarios, hoy habrá notas sin firmas. La medida se ha tomado en adhesión a los trabajadores de prensa de Clarín, porque la empresa no cumple con las paritarias que se resolvieron la semana que pasó. Esto pone en evidencia la escena mencionada arriba, es decir, el planteo de los intereses enfrentados.
Mientras, el diario de mayor tirada de Argentina, apoya a las otras patronales, a las agropecuarias, aun cuando esto implique el desabastecimiento y la caída en picada del poder adquisitivo de las clases populares. Como en 2008, cuando el aumento acordado en las paritarias de Comercio (por citar un ejemplo) se licuó por el incremento de la canasta básica que generó al lock out.
Es claro y hasta obvio el planteo, pero hoy es nuestro día y tuve ganas de escribir así, como en la cocina de mi blog, aunque abriendo el juego. Para que se enojen, para que comprendan, para que discutan, en la medida de las posibilidades de cada quien, pero que sea con elegancia.
Con el atrevimiento de la primera persona, con la pesadumbre de protagonizar un artículo y aun así elegir hacerlo, les deseo feliz día a quienes hacen del periodismo su oficio, su trabajo y no su comercio, a los que se asumen como parte del colectivo “trabajadores”.  Y hago un sugerencia a los editores de medios digitales: copien a los mejores, pongan moderadores de comentarios, no contribuyan al tráfico de violencia. Aunque sea por hoy, jerarquicen la comunicación, a los trabajadores y a la libertad de expresión.
Daniela Roldán